martes, 2 de diciembre de 2008

DESESPERACIÓN

Pedí que me aten de manos y pies con alambres al palo de luz.
Que pongan alguna canción para que la inquietud de muerte sea menos terrible, o tal vez más llevadera.
Que moriría de sed o de tanto llorisquear como niña caprichosa.
Pedí que me dejen allí, en las vías abandonadas, con los invisibles, los que caminan y no vemos por que hay colores que no perciben nuestros ojos.Pedí por favor que me dejen allí, en el olor otoño.
Que me tiren de pasada no más, en la plaza, específicamente en la hamaca, que luego de caminar desnuda por las vías y el pueblo abandonado, subiría al columpio y dejaría que el viento me hablara de cosas pasajeras.
Luego cantaría una canción; todavía la tengo en la mente.
Que me dejen allí sola.
Que no haría más que ver la luz del sol, de la luna y me entregaría a ellas, besando las flores en el ritual donde moriría en vida, y sino al fin me amigaría con mi sombra que tanto me aniquila practicando torturas, y me grita y me odia al igual que yo a ella.
Que me dejen
-Que necesito atarme a un palo desnuda en un pueblo abandonado mirando las vías y esperando una respuesta del sol o la luna o de ambas, así solo me verían los invisibles y podría hablar tranquila con mi sombra sin que nadie me juzgue ni me trate de loca desquiciada y enferma.-
Que me dejen o comenzaría a tirar piedras a los carteles y los vidrios de aquella estación muerta.
Que me dejen, que mi ira puede ser muy macabra y descuidada con los pájaros.

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